Historia
1973:
coche eléctrico urbano de la General Motors con un cargador de baterías en el
primer simposio de desarrollo de sistemas de energía de baja contaminación.
El
coche eléctrico fue uno de los primeros automóviles que se desarrollaron, hasta
el punto que existieron eléctricos anteriores al motor de cuatro tiempos sobre
el que Diésel (motor diésel) y Benz (gasolina), basaron el automóvil actual.
Entre 1832 y 1839 (el año exacto es incierto), el hombre de negocios escocés
Robert Anderson, inventó el primer vehículo eléctrico puro. El profesor
Sibrandus Stratingh de Groninga, en los Países Bajos, diseñó y construyó con la
ayuda de su asistente Christopher Becker vehículos eléctricos a escala reducida
en 1835.
La
mejora de la pila eléctrica, por parte de los franceses Gaston Planté en 1865 y
Camille Faure en 1881, allanó el camino para los vehículos eléctricos. En la
Exposición Mundial de 1867 en París, el inventor austríaco Franz Kravogl mostró
un ciclo de dos ruedas con motor eléctrico. Francia y Gran Bretaña fueron las
primeras naciones que apoyaron el desarrollo generalizado de vehículos
eléctricos. En noviembre de 1881 el inventor francés Gustave Trouvé demostró un
automóvil de tres ruedas en la Exposición Internacional de la Electricidad de
París.
Justo
antes de 1900, antes de la preeminencia de los motores de combustión interna,
los automóviles eléctricos realizaron registros de velocidad y distancia
notables, entre los que destacan la ruptura de la barrera de los 100 km/h, de
Camille Jenatzy el 29 de abril de 1899, que alcanzó una velocidad máxima de
105,88 km/h.
Los
automóviles eléctricos, producidos en los Estados Unidos por Anthony Electric,
Baker, Detroit, Edison, Studebaker, y otros durante los principios del siglo XX
tuvieron relativo éxito comercial. Debido a las limitaciones tecnológicas, la
velocidad máxima de estos primeros vehículos eléctricos se limitaba a unos 32
km/h, por eso fueron vendidos como coche para la clase alta y con frecuencia se
comercializan como vehículos adecuados para las mujeres debido a conducción
limpia, tranquila y de fácil manejo, especialmente al no requerir el arranque
manual con manivela que si necesitaban los automóviles de gasolina de la época
En
España los primeros intentos se remontan a la figura de Emilio de la Cuadra.
Tras una visita a la Exposición Internacional de la Electricidad por motivos
profesionales se interesó por dichos motores tras haber quedado sorprendido por
las carreras celebradas en el circuito París-Burdeos-París en 1895. A través de
la compañía “Cia. General de coches-automóviles Emilio de la Cuadra S. en C.”
construirá diversos prototipos de vehículos eléctricos. Sin embargo, la falta
de tecnología y recursos materiales y económicos provocó que desechara todos
los proyectos y dedicara una docena de automóviles con motor de explosión, bajo
el nombre de La Cuadra. La empresa cerró en 1901 debido a la falta de dinero y
una huelga.
La
introducción del arranque eléctrico del Cadillac en 1913 simplificó la tarea de
arrancar el motor de combustión interna, que antes de esta mejora resultaba
difícil y a veces peligroso. Esta innovación, junto con el sistema de producción
en cadenas de montaje de forma masiva y relativamente barata implantado por
Ford desde 1908 contribuyó a la caída del vehículo eléctrico. Además las
mejoras se sucedieron a mayor velocidad en los vehículos de combustión interna
que en los vehículos eléctricos.
A finales de 1930, la industria del automóvil eléctrico
desapareció por completo, quedando relegada a algunas aplicaciones industriales
muy concretas, como montacargas (introducidos en 1923 por Yale), toros
elevadores de batería eléctrica, o más recientemente carros de golf eléctricos,
con los primeros modelos de Lektra en 1954.